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Las zonas de trabajo se convierten en laboratorios científicos cuando los albañiles encuentran fósiles

Especial para Infobae de The New York Times.

KENT CITY, Míchigan — Todo comenzó con un fémur gigantesco.

El mes pasado, cuando Kevin Busscher hundió la pala de su excavadora en el suelo blando de Míchigan, sabía que el hueso de un muslo que sacó de la tierra era demasiado grande como para haber sido de una vaca o de un caballo. Y sabía que la alcantarilla que iba a remplazar tendría que esperar.

“Lo primero que pensé fue: ‘¡Un mamut lanudo!’”, comentó Busscher, quien informó sobre su hallazgo a los funcionarios del condado que supervisaban el proyecto, los cuales enviaron fotografías de los huesos a los científicos.

Resultó que Busscher había encontrado el esqueleto de un mastodonte, un animal parecido a un elefante que deambuló por el norte de América durante la última era del hielo. Para la mañana siguiente, un equipo de investigadores del museo y la universidad se había reunido con el fin de extraer el resto de los huesos. Cuando sacaron la enorme mandíbula del mastodonte, aún conservaba varios dientes blancos y brillantes.

Ese descubrimiento, a unos cuantos metros debajo de la superficie, entre una carretera rural y un pastizal, fue el más reciente de una larga tradición en la que albañiles se vuelven paleontólogos por accidente. A través de los años, las cuadrillas de la construcción se han topado con dinosaurios con cornamenta en Colorado, con huesos de caballos que datan de miles de años en Nevada y con un cementerio de mamuts en Dakota del Sur, cosa que convierte los sitios de trabajo donde se construyen casas nuevas, piscinas en la parte trasera y edificios de gobierno en sorpresivos laboratorios científicos.

“Como paleontólogos, nos gustaría poder salir con esta clase de equipo pesado y empezar a cortar, ver a través de las colinas y cosas por el estilo, pero en realidad no podemos hacerlo”, comentó Blaine Schubert, un profesor de la Universidad Estatal de Tennessee que supervisa el sitio y museo Gray Fossil, el cual se convirtió en una zona de investigación después de que la cuadrilla que trabajaba en la construcción de una carretera descubrió un tesoro de huesos en el año 2000.

Existe una simbiosis natural entre la paleontología y la construcción, profesiones en las que excavar la tierra es parte del día a día. Y puesto que hay muchos más albañiles que paleontólogos y, debido a la poderosa maquinaria que se usa para construir, tiene sentido que, casi siempre, los trabajadores de la construcción sean los primeros en desenterrar los huesos.

Joe Sertich, quien hasta hace poco era curador de dinosaurios en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, mencionó que con frecuencia oía hablar de gente que creía haber encontrado fósiles importantes. A veces se trataba de falsas alarmas o de hallazgos relativamente insignificantes, como fósiles de peces o huesos comunes y corrientes tan dañados por la maquinaria de construcción que su valor científico era muy reducido. Pero de vez en cuando, los albañiles se topaban con descubrimientos de gran importancia.

Sertich ayudó a desenterrar miles de fósiles de la era del hielo, como mamuts, mastodontes, camellos, plantas e insectos en un sitio de obras nuevas en Snowmass Village, Colorado. También en los suburbios de Denver, en dos sitios de construcción diferentes, uno para una estación de policía y bomberos y otro para una casa de asistencia, los trabajadores encontraron restos de dinosaurios con cornamenta.

“Organicé grandes expediciones por todo el país para ir a pasar ocho semanas excavando en zonas de campo remotas en la búsqueda de cosas como dinosaurios con cornamenta”, explicó Sertich. “Y resulta que algunos de esos hallazgos están justo en nuestro propio patio trasero”.

En la década de 1970, en Hot Springs, Dakota del Sur, de pronto detuvieron el trabajo que se estaba realizando en un desarrollo residencial cuando los albañiles hallaron el esqueleto de un mamut. Cuando Jim I. Mead y otros paleontólogos fueron al sitio y comenzaron a excavar, encontraron otro esqueleto, y luego otro. Según Mead, este sitio resultó ser un estanque hundido de hace mucho tiempo donde un mamut tras otro se ahogó por no poder salir de él. El constructor inmobiliario aceptó dejar de construir y, después de décadas, se siguen desenterrando mamuts en ese sitio.

“Tenemos muchísima suerte”, afirmó Mead, quien ahora es director de investigación en el sitio y museo Mammoth Site, el cual recibe turistas, grupos escolares y científicos. “Es fabuloso que esta persona dijera: ‘Quiero que esto se conserve’”.

Algunas veces puede haber tensiones entre la ciencia y la construcción. A diferencia de lo que sucede con los restos humanos y los artefactos culturales de los pueblos indígenas estadounidenses, en Estados Unidos es poco frecuente que exista una obligación jurídica de informar sobre hallazgos paleontológicos en terrenos de propiedad privada, lo cual significa que se puede terminar arando sobre algunos huesos de animales, o que estos sean vendidos a coleccionistas privados en vez de ser entregados para su estudio. Además, debido a los plazos tan justos de muchos proyectos de construcción, tal vez se considera que llamar a los científicos represente una costosa distracción del trabajo que se está realizando.

A principios de este año, en terrenos federales de Utah, una maquinaria de construcción dañó un conjunto de huellas de dinosaurio poco comunes, cosa que suscitó críticas a los paleontólogos por no haberse involucrado más en la supervisión del sitio.

Cuando hace más de dos décadas, los albañiles de la construcción de la carretera de Tennessee hallaron lo que se convirtió en el sitio Gray Fossil y una zona de investigación permanente, se requirió la intervención del gobernador y recursos económicos para desviar la carretera que iba a pasar por ahí. En los años posteriores, la Universidad Estatal de Tennessee abrió un programa de paleontología, miles de visitantes se han detenido en el museo y los científicos han desenterrado huesos que tienen cerca de cinco millones de años de antigüedad, entre ellos los de pandas rojos, rinocerontes, tapires y lagartos, lo que ofrece una mirada excepcional a la prehistoria de los montes Apalaches.

“Nos dice cómo eran estos bosques en ese entonces, cuando no teníamos ni idea cómo eran millones de años atrás en cada lado”, señaló Schubert, quien dirige este sitio en el que se siguen realizando excavaciones. También añadió: “La preservación de este sitio de fósiles fue una empresa sumamente costosa y no sé si algo similar sucedería en la actualidad”.

Los científicos saben, en términos generales, dónde es más probable descubrir huesos de dinosaurio o restos de la era del hielo: en lugares en los que ahora hay sedimentos o estratos de roca sedimentaria de una era determinada cerca de la superficie donde pueden ser expuestos por la erosión natural o por trabajos de construcción. Pero la mayor parte del norte de América cumple con esa descripción y, en gran medida, es cuestión de suerte exactamente en qué lugar pueden estar ocultos nuevos e importantes hallazgos.

Hace algunos años, Dan Wagner, un inspector de construcción en la zona de Denver, estaba ayudando en la supervisión de la edificación de la estación de policía y bomberos en Thornton, Colorado, cuando encontró un pedazo de hueso en el lugar en que una cuadrilla estaba taladrando orificios para pilares de concreto. El hueso salió de un área profunda del terreno, lo cual indica que es probable que fuera muy viejo, y Wagner se preguntó si podría ser, incluso, un dinosaurio.

Cuando excavó un poco más y desenterró un hueso mucho más largo, los supervisores del sitio detuvieron los trabajos en esa zona. Durante las siguientes semanas, mientras continuaba el trabajo en otras partes del nuevo edificio, Sertich y otros paleontólogos que trabajaban en una pequeña sección del sitio de construcción cercada desenterraron un Torosaurus intacto casi en su totalidad. Wagner mencionó que, durante sus descansos, a veces iba a ver los avances y que también se ponía a excavar cuando terminaba su jornada.

“Nunca antes he estado con dinosaurios, pero yo estaba super emocionado”, comentó Wagner, quien se tatuó un Torosaurus y luego llevó a sus hijos a verlo exhibido en un museo. “Me iba a dormir preguntándome qué diablos era y cuántos huesos iba a haber”.

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