
Qatar 2022: las grandes enseñanzas de nuestra selección
Hola, ¿cómo estás? Acá en LA NACION estamos bastante atravesados por el Mundial. La mayoría de los televisores de la redacción están tomados por los partidos y a mi derecha tengo al equipo d...
Hola, ¿cómo estás? Acá en LA NACION estamos bastante atravesados por el Mundial. La mayoría de los televisores de la redacción están tomados por los partidos y a mi derecha tengo al equipo de deportes contando el minuto a minuto de lo que pasa en Qatar.
Un Mundial ofrece muchas oportunidades .Y me refiero a las oportunidades que esta newsletter abraza. Te lo explico mejor con un ejemplo: Esta foto es de Bernardo y Tomás, dos pibes que están en Qatar. Aprovecharon la previa de Argentina y México para viralizar en las redes las fotos de mujeres que están desaparecidas pero que podemos ayudar a encontrar: María José (México) y Sofía Herrera (Argentina).
Si el Mundial es también una gran vidriera para difundir lo que nos conviene, lo que nos hace bien, los jugadores de la selección argentina pueden ser aliados ideales. De eso se trata esta newsletter: de rescatar historias y acciones muy valiosas fuera de la cancha de tres de estas personas.
Empecemos por el arquero, Emiliano “Dibu” Martínez. Lo primero que dijo de la victoria contra México fue que sufrió mucho los días previos, después de perder contra Arabia Saudita. Contó que lo habló con su psicólogo. Y se despachó con una frase que ayuda a que nos imaginemos la presión a las que están expuestos: “Sé que tengo a 45 millones de argentinos detrás mío y les podría haber dado más en ese partido contra Arabia”.
En lugar de hablar del resultado exitoso, Dibu expuso la importancia de atender su salud mental. No es la primera vez que lo hace: se podría decir que milita la idea de que los deportistas de elite no deben avergonzarse por hacer terapia, algo que continúa siendo en gran medida tabú, sobre todo entre varones.
El mismo día del partido, pero varias horas antes, Lorena Oliva publicó un perfil de Dibu que describe justamente cómo logró domar sus frustraciones. El arquero comenzó a trabajar con un psicólogo inglés en 2018, cuando, como él mismo lo dijo, empezaba a dejar de amar al fútbol. Esa historia nos deja varios aprendizajes:
“Con mi psicólogo hablamos dos o tres veces por semana antes de un partido. Mi cabeza está más centrada que nunca, gane o pierda. Con lo que exige el fútbol a nivel mundial, creo que todo jugador necesita un psicólogo”, dijo Dibu.“Los futbolistas cargan con la presión de tener que dar satisfacciones. A los hinchas de su equipo o a todo un país. Lamentablemente, todavía impera esta idea de que los hombres no lloran. Entonces, mostrarse vulnerable se vuelve un tabú. Esto es potencialmente peligroso, sobre todo en un deporte como este, donde cuando se pierde, se buscan culpables”, analizó el psicólogo Ariel Borensztein.Sigamos con un defensor: Marcos Acuña. El “Huevo”, como se lo conoce, le salvó la vida a un pibe. Eso me dice María Ayuso, periodista del diario, y no puedo no seguir escuchándola. La historia es así: cuando la selección gana la Copa América en 2021, el Huevo es el único que festeja ante las cámaras con una camiseta distinta al resto: usa una blanca con una mariposa naranja y el nombre “Luz” escrito en cursiva.
“Se la puso para recordar a Luz y la foto se volvió viral”, me explica María, que escribió esta historia en los primeros días del Mundial. Y sigue: “Luz es la hija de un amigo suyo, el fotógrafo Fabián de Ciria. Dos meses antes, a los 14 años, la adolescente se había suicidado”.
Fabián, que habló con María, cuenta que ese gestó fue un abrazo a su alma. Y destaca que tuvo un impacto enorme e imprevisto: en sus redes recibió una catarata de mensajes. De padres y madres cuyos hijos se habían suicidado o que habían pensado hacerlo, y de personas que atravesaban crisis de salud mental. Pero hubo uno, de un joven, que a Fabián lo emocionó particularmente:
“Estaba a punto de hacer lo mismo que tu hija, pero cuando te escuché me puse en la piel de mi mamá, sentí que no le podía hacer eso y cambié de opinión”.Esta historia nos llama a que todos estemos atentos a algunas señales que pueden ayudarnos a prevenir y acompañar a personas en riesgo:
Algunos signos a los que debemos prestar atención son el aislamiento, la irritabilidad, la insatisfacción permanente, la pérdida de interés en cosas que la persona antes disfrutaba, las alteraciones en el sueño o en el apetito, las dificultades para concentrarse, entre otras. “Es importante escuchar lo que dicen los chicos y dar importancia cuando verbalizan que no se sienten bien”, reflexiona la psiquiatra Gisela Rotblat.Cerremos con un delantero, Angel Di María. El rosarino es junto con Messi, otro rosarino, uno de los jugadores más populares. El Fideo aprovechó su popularidad para lanzar un mensaje en las redes sociales sobre algo que para él fue clave: la posibilidad de jugar cuando era un niño. Jugar en el sentido más amplio y jugar al fútbol en particular.
“El juego empieza en la infancia. Los derechos también”, locuta Di María en el video que grabó para Unicef y publicó en Instagram el mismo día que empezó el Mundial.La historia no termina ahí y la contó de manera extraordinaria el periodista rosarino Ricardo Robins: cuando Di María tenía cuatro años y se mostraba un chico hiperactivo, que “rompía todo en su casa”, el pediatra le recetó a la mamá que hiciera deporte. Y ese nene empezó a jugar al fútbol y a poner esa energía desbordante en ese deporte. El romance entre Di María y el fútbol sigue hasta hoy.
Antes de despedirme hasta el mes que viene y año que viene, de esta historia, me queda una frase que nos dijo la psicóloga Ana Bloj y que es útil para entender lo que implica que un niño o niña disfrute de un deporte:
“No es solo moverse, es crear lazos, encontrarse con los demás, eso da placer. Y debe estar acompañado por adultos, con cuidado amoroso para que ellos puedan proyectar un futuro. Sobre todo es vital encontrar tiempos de juego”.Abrazo de gol y saludos,Javier Drovetto, editor de Comunidad.